viernes, 7 de marzo de 2014

Tres días en Cochabamba

Ya llevo tres días por los rincones de Cochabamba. ¿Y qué decir?.

La primera vez que llegas y sales a la calle, todo es nuevo para ti, parece que has retrocedido 30 o 40 años en el tiempo. Las calles están arrebatadas de gente  y de puestos con todo lo que te puedes imaginar. Es un mercadillo gigante y está abierto todos los días menos los festivos. Pero no es un mercadillo normal, muchas veces no existe puesto como tal, las personas ponen sus mercancías en el suelo o por las esquinas.

En Cochabamba existen dos zonas por así decirlo, la pobre y la rica. Pero pese a que es la zona pobre (la zona del mercadillo), es donde se encuentra toda la cultura y alma de Cochabamba. Ya que la zona rica, por llamarla de alguna manera, está más europeizada y globalizada. Perdiendo parte del encanto y del sentimiento.

En Cochabamba el primer día me encontré como en casa, gracias a mis compañeras de piso y a nuestra vecina Anna, que es la mujer que creo el proyecto del bibliobus.

Hablando del bibliobus, ayer fue mi primer día y fuimos a un pueblo rural llamado Huayllani. Cuando nos bajamos del bus, ya había un montón de niños esperándonos y dispuestos a ayudar a descargar las cosas del bibliobús, muchos niños se me acercaban y me decían ¿tú eres la nueva?. 

Cuando tuvimos todo, preparamos los barreños para que se lavasen las manos. Tras eso los dividimos por grupos de edades. Cada voluntario se puso con un grupo de niños y la actividad principal, dependiendo la edad, era que los niños leyesen o enseñar una lectura compresiva a estos. En cambio para los más pequeños tenías que leerles el cuento, para fomentarles en un futuro la lectura.

Muchos niños tenían un nivel muy bajito de lectura y de otros conocimientos en comparación con los niños Españoles. Y uno de los objetivos principales del bibliobús es mejorar el nivel de lectoescritura de estos niños.

A mí me tocó con los más peques de 4 a 5 años, y la verdad que la diferencia entre estos niños bolivianos y los españoles en abismal. Estos niños pese a que no sabían leer, se interesaban por los libros y que les contases el cuentos. Pese a que se cansaron bastante rápido de la lectura, cosa que es normal porque eran muy pequeños, seguían sentados en sus asientos y mirándote expectante. Les pusimos otras actividades como que pintasen un dibujo para mejorar su psicomotricidad fina. Finalmente, el último rato estaba destinado a hacer juegos y talleres.

La despedida fue muy curiosa, ya que tras recoger todo, los niños daban abrazos y mostraban su cariño a todos los voluntarios.

Podría extenderme mucho más contando todas las experiencias de los últimos tres días. Pero para finalizar, voy a poner una lista de cosas curiosas que me han llamado la atención:

  •         Solo hay semáforos para los coches y estos no paran en los pasos de peatones si hay personas       esperando, es más si te cruzas en su camino cuando estas por un paso de peatones te pitan o te dan   las largas.
  •      Puedes subirte entre 6 o 10 personas en un taxi de 5.
  •           No puedes tirar el papel higiénico al váter, ya que las tuberías son muy finas y se atascan.
  •           Todas las cosas se vende en la calle.
  •     Toda la ciudad huele a comida muy rica, pero no puedes comprarla y comerla, ya que para tu estomago europeo puede ser explosiva.
  •        Por la calle ves a personas con camisetas largas de lana, haciendo 20 grados de temperatura.
  •             Muchas personas conducen sin carnet por Cochabamba.
  •           Aunque parezca mentira, para poder entrar a una discoteca de Cochabamba te piden el pasaporte  o la fotocopia de este.
  •      Muchos niños, sobre todo los más pequeños y los que viven en las zonas rurales, no saben hablar castellano ya que hablan quechua.
  •       En un restaurante italiano que fuimos,  había dos gatos merodeando por ahí. "eran muy monos"
  •       Para saludar solo se da un beso.
  •       Los buses los decoran los conductores y conducen con las puertas abiertas.
  •        Los bolivianos cuando un avión aterrizan tienen la costumbre de aplaudir.



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